Tengo 14 años y creo ser la persona más feliz del mundo. Miro a mi alrededor y me gusta todo lo que veo. Absolutamente todo. Estoy rodeada de gente que quiero - y que parece que me quiere-. Tengo un montón de amigos. No paro de reirme y de reirme y aunque lo intente tengo una sonrisa en la boca que no desaparece.
Tengo 14 años y creo en todo. Creo en un montón de cosas. Creo en ti. Creo en mi. Creo en poder ser feliz para siempre. Creo poder capturar ese momento para siempre y avanzar en el tiempo y que todo siga igual después de...
¿5 años?
5 años. Nada sigue igual y no creo ser la persona más feliz del mundo. Y he de decir que no todo lo que veo me gusta. Y me río. Y me río. Pero también lloro a veces, ¿saben?. Como todos.
Tengo 19 años y estoy dejando de creer en esto, en tener un sentido. No creo en ti. No creo en poder ser feliz para siempre. No creo que se puedan detener los momentos. Creo en mi, menos, pero sigo haciéndolo. Sigo forzándome no en creer, si no en crear eso en lo que creía. Y no soy muy buena, pero creo que es importante intentarlo. Intentarlo. Intentarlo.
Sé que esto no tiene sentido, sé que no voy a ser feliz para siempre, pero se que siempre va a haber momentos para serlo. Y lo de detener momentos... mejor acumular más.
Y lo de creer en ti... cuando empieces a hacerlo en mi.
Creo que voy a aprender a despedirme, creo que voy a crecer.
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