domingo, 1 de febrero de 2015

Caminos

        Hubo una época en que tenía el mismo sueño todas las noches. Estaba todo oscuro, blanco y negro, y yo en medio de una especie de plaza, la típica central de los pueblos. De la plaza salían un montón de calles, de caminos. Un montón. Y yo giraba sobre mi misma tratando de atender a todos. ¿Qué camino escoger? ¿Por donde echar a andar? 

        En realidad, esas no eran las preguntas. Nunca me ha dado miedo escoger un mal camino, al fin y al cabo echas a andar y llegas a un sitio en el que nunca te habías imaginado, o decides deshacer el camino andado. Nunca me pareció algo difícil eso de equivocarme.
        El problema no es que no supiera cual elegir, es que NO podía elegir. Mis pies estaban totalmente adheridos al suelo. Solo podía mirar a un lado y a otro. Solo podía quedarme mirando como todos los de la plaza se iban por un camino o por otro y como se volvía todo gris a mi alrededor. Como yo no podía elegir ninguno de aquellos caminos. Estaba paralizada. Estaba totalmente paralizada, perdida y parecía que nadie me veía.
        Lo malo del sueño es que al despertar me parecía una gran definición de como veía mi vida.

        Ahora lo entiendo. Yo estaba haciendo mi camino y el resto el suyo. Y no eran el mismo.Ahora estoy empezando a recorrer todos esos caminos de la plaza, de tres en tres o de cuatro en cuatro, y es genial. ¿Y sabes que más es genial? Saber que si no me hubiera quedado en esa placita, los estaría recorriendo uno a uno y quizás sin el mismo entusiasmo, sin las mismas cosas o sin las mismas personas.La vida está llena de primeras y últimas veces y es maravilloso darte cuenta. Esta es otra primera vez. Este es un nuevo camino, por sinuoso que sea, por llevadero que se haga. 

 
Porque como se dice: "lo importante no es el destino, si no el camino".

Que disfruten de la travesía.

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